31 may. 2015

Pernocto

Fotografía: Double - Thomas Windisch [Special thanks to Thomas].
Música para acompañar: Mad World - Gary Jules

La noche había abordado la delicada frontera que delimita el cielo con la tierra marcando la pauta que conduce hacia el mundo de lo onírico.

Decidido a hundirme en aquel profundo sueño, apague la luz que mantenía la habitación iluminada, desabotoné mi camisa desgastada, apolillada y de un tono amarillento casi transparente que permitía ver la playera interior que cubría mi cansado cuerpo.
La deje caer y esta se deslizó como una ligera prenda de seda. 

Con la mirada al suelo caminé hacia el colchón, aquel en el cual se habían escrito las más bellas escenas de amor. Lo mire fijamente y la nostalgia lleno mis ojos de un liquido amargo como la hiel.-"¡Que viejo, que senil estas querido amigo!"- Dije en voz alta. Sentado a la orilla de la cama, desate las agujetas y mis zapatos cayeron como  bloques de plomo que atormentaban mis delicados pies. Tomé la hebilla del pantalón desprendiéndola de los orificios que la atan al otro extremo del cinturón y jalé del mismo con la poca fuerza que el trabajo había dejado sobre mis brazos. El pantalón se tornó holgado y los delgados huesos de la cadera no eran sustento suficiente para mantenerlo en su lugar. Me recosté sobre la cama, y con un ligero esfuerzo, yacía dentro de la única cobija que mantenía alejado mi cuerpo del viento helado que traía consigo la noche. 

Las horas pasaron y la mirada fija yacía en el techo que apartaba de mí el manto celestial que alguna vez proyectaba estrellas. Manto que contenía los deseos de las personas y servía de musa para que los poetas desbordaran en versos sus más profundos sentimientos, aquel oscuro cielo que contenía algo más que un tono anaranjado por la contaminación de las fabricas, vehículos y del hombre mismo.

El tiempo siguió su rumbo dejando un rastro a través de las manecillas del reloj que se deslizan lentamente. La luna asomó su rostro tímido por la ventana llamándome a contemplar su belleza extendiéndose hacia  mí. En ella, se dibuja la silueta de los recuerdos que mantienen lleno de vida el corazón, pero son aquellos que atormentan y que transforman mis sueños en pesadillas los que hacen valer su peso sobre mis hombros y mi espalda.

El amargo sabor a hiel de mis lágrimas toca mis labios, su sabor no hace más que desbordar la tristeza sobre mi rostro. Ahogado en un mar salado, trato de recordar el dulce sabor de sus labios pero es una ilusión que alimenta mi alma para evitar que se apague su fuego y se rinda ante la desesperanza. El mar se ha secado y solo deja sobre las orillas de mi piel la sal que en él contenía, y de un fuerte suspiro mi corazón calma aquellas fuertes palpitaciones que hacían estallar mi pecho. 

De un movimiento arrojo las cobijas fuera de mi, tomo mis sandalias y me pongo en marcha hacia la ventana. La abro de par en par. El aire fresco eriza mi piel, y mis pulmones absorben el frio de la noche. Inmóvil frente a la ventana, la angustia retoma mi corazón despojándolo de su tranquilidad, y a paso forzado retorno mi viaje hacia los brazos de Morfeo. Mis parpados son cada vez más pesados y lentamente entro en el mundo de los sueños, promesas de un mundo sin dolor, un mundo lleno de esperanzas donde no pueden lastimarte y la felicidad se hace eterna.
Pero no es así, las olas pronunciadas de tristes recuerdos ahogan aquellos paradisíacos momentos. Encallan en tormentos y desdenes de eventos pasados, de remordimientos y aspiraciones rotas. Un banco de pensamientos rumiantes, imposibles de acallar. 

Las horas pasan y el sudor frío recorre mi cuerpo. Finalmente la luz cálida del sol toca mi ventana, y mis parpados tratan de abrirse pero su peso se ha triplicado, el esfuerzo por despertar es aun mayor que el realizado para  dormir. 

El pantalón cubre nuevamente mis piernas y los zapatos no hacen esperar sentir su peso en mis pies; coloco el cinturón pues mi cadera no es sostén suficiente para el pantalón y la camisa se esfuerza por cubrir mi pecho. La polución se hace presente, el ruido, el esmog... el caos, todos los elementos se perciben fácilmente desde la ventana abierta de mi habitación.

Con la mirada al piso y a paso lento, abandono la habitación, camino hacia la puerta y la abro de par en par. Levanto un poco la vista y observo una fila de personas con la camisa desgastada, apolillada, casi transparente, la mirada de cansancio en sus ojos, hinchados por nadar sobre ese mar salado de hiel amarga, con los labios resecos y sin expresión alguna. El pantalón holgado ajustado con la hebilla del cinturón ya que sus huesos no son sostén suficiente, sus zapatos deben ser pesados puesto que su paso es lento, a un ritmo casi somnoliento, meciéndose de izquierda a derecha como un vals donde todos son parte de él. 

Todos ellos dirigiéndose sin sentido en la misma dirección como si no hubiera  más que hacer. Lentamente bajo la mirada, y comienzo a mecerme de derecha a izquierda, a paso lento, los zapatos son pesados y la camisa desgastada, y poco a poco, empiezo a formar parte de ese vals, uno más en ese ritual, y caminando hacia el horizonte, comienza un día más de lo que llamamos: Vida.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario